Languidecen los deseos alcanzados
como si hubieran muerto, cumplidos,
agotada la búsqueda y el objetivo
un fin logrado y otro pide paso
para reclamar la herencia del yacente
la voluntad sin guía, impaciente.
Languidecen las palabras que se guardan
se ahogan, malgastadas y furiosas
y el día que desborden su recipiente
no son ya capaces de desbordar la calma
que pretendían romper, y lentamente,
se desvanecen tímidas y avergonzadas.
Languidece el amor sin uso y se apaga
y se echa a perder el que coge polvo,
escondido, temeroso de la afilada estaca
del no que le espera en un recodo.
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