Me abandono ahora
a este teatro del debería
de la lógica, de la razón,
el entierro anunciado
del sueño roto
una fantasía egoísta
sin cómplice y ahogada.
Guardo un luto falso
actitud impostada para quererme
porque debo, porque debería
y me trago obsesiones
y besos caducados
buscando que el espejo
sea menos cruel cuando me juzgo.
Olvido y apago esa luz verde
ese fuego fatuo absurdo
esa ilusión calcinada
nacida entre días grises
y alucionaciones saladas
y pesadillas en las que muero
debajo de una quilla feroz.