No sería tanto pedirle a unas palabras
que vengan a hacer lo que no puedo
o a abrir puerta que no me atrevo
siquiera a entreabrir pues temo
quedar aplastado por el peso de un vistazo.
Y no sería tampoco tanto enviarlas
tan desnudas como yo desarmado
a luchar las batallas que creo haber perdido
a vender cara mi derrota programada.
Me creo valiente y me escondo tras ellas
y caen empujadas por la espalda
sin que su sacrifio me conmueva
hasta que dejaron de venir sumisas
cabeza gacha y fe ciega se agotaron.
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