Languidecen los deseos alcanzados
como si hubieran muerto, cumplidos,
agotada la búsqueda y el objetivo
un fin logrado y otro pide paso
para reclamar la herencia del yacente
la voluntad sin guía, impaciente.
Languidecen las palabras que se guardan
se ahogan, malgastadas y furiosas
y el día que desborden su recipiente
no son ya capaces de desbordar la calma
que pretendían romper, y lentamente,
se desvanecen tímidas y avergonzadas.
Languidece el amor sin uso y se apaga
y se echa a perder el que coge polvo,
escondido, temeroso de la afilada estaca
del no que le espera en un recodo.
martes, 17 de marzo de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
Pedirle a unas palabras
No sería tanto pedirle a unas palabras
que vengan a hacer lo que no puedo
o a abrir puerta que no me atrevo
siquiera a entreabrir pues temo
quedar aplastado por el peso de un vistazo.
Y no sería tampoco tanto enviarlas
tan desnudas como yo desarmado
a luchar las batallas que creo haber perdido
a vender cara mi derrota programada.
Me creo valiente y me escondo tras ellas
y caen empujadas por la espalda
sin que su sacrifio me conmueva
hasta que dejaron de venir sumisas
cabeza gacha y fe ciega se agotaron.
que vengan a hacer lo que no puedo
o a abrir puerta que no me atrevo
siquiera a entreabrir pues temo
quedar aplastado por el peso de un vistazo.
Y no sería tampoco tanto enviarlas
tan desnudas como yo desarmado
a luchar las batallas que creo haber perdido
a vender cara mi derrota programada.
Me creo valiente y me escondo tras ellas
y caen empujadas por la espalda
sin que su sacrifio me conmueva
hasta que dejaron de venir sumisas
cabeza gacha y fe ciega se agotaron.
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