Pasos quedos y solitarios en la noche
perseguidos por un eco cazador
un eco que palpita de sangre y calor
que se esconde entre sombra y farola
al abrigo de preguntas sin respuesta.
Un miedo afilado le nace a los pasos
miedo que cabalga y espolea el corazón
ya quisieran los pasos atrapados ser carrera
salir raudos de este túnel de ausencias
y que quedara el eco abortado en recuerdo.
La ciudad cómplice y muerta resuena,
nacen ecos de los recovecos
y sombras de las farolas,
con forma de hombre
y cuerpo de niebla, vacía y ciega.
El eco, mudo y ronco, se retira,
la sombra se deshace sobre las losas.
Los pasos, vivos y claros, se calman
su temor se enfría, el corazón se frena
y una paz líquida inunda las venas.
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