Lamentos absurdos por imposibles,
ilusiones del pasado que emocionan,
se tornan ahora reales, visibles,
y los agrios lamentos cobran sentido.
Obediente y tranquilo servidor, desengañado
roto su sueño y las promesas de recompensa
se pregunta por lo que quiere, qué desea,
saciar su hambre dura y primitiva.
Carnívora de pesares y de amores,
los engulle y banaliza, humillándolos.
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