jueves, 29 de mayo de 2014

Desierto

Es árida la arena del desierto que recorro.
Araña ojos, espíritu y carne, enemiga
de despojos que se arrastran por ella,
que como yo tropiezan y pierden el horizonte
y los engullen las dunas hambrientas.

Estoy inundado por este desierto que me acecha,
me invade por cualquier rendija, y me escondo
en mí, en un secreto sin intimidad ni misterio,
pues todo sin excepción está atestado
del cuarzo molido que amenaza ser barro.

Creí avistar un día aciago unos riscos romos,
creí poder aceptar la sombra que ofertan,
recostarme sin temer heridas, y no hice caso a rescoldos
y cicatrices sinceras en la roca, que no mentían
y me engañé y perdí por la piedra altanera.

A este erial llegué malherido y solo
y nunca he sanado ni fallecido,
había visto mucho, forjado mis cadenas
y la libertad amarga, tras librarme de ellas
no me guarda nada, más allá de juguetes rotos.

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